Mes de Mayo
En el mes de mayo, la tradición cristiana nos invita a dirigir la mirada a María, la Madre, haciendo de este mes un tiempo particularmente mariano.
Dedicar mayo a la Virgen María no es sólo una costumbre o un recuerdo de infancia con flores y altares sencillos. Es, sobre todo, una oportunidad para redescubrir su presencia discreta pero constante en nuestra vida de fe.
Su vida entera fue un “sí” confiado, incluso cuando no entendía del todo lo que ocurría.
En un mundo que a menudo valora la prisa, la eficacia y el protagonismo, María nos enseña otro camino: el de la escucha, la humildad y la fidelidad en lo pequeño. Ella supo guardar las cosas en el corazón, esperar sin desesperar, acompañar sin imponerse.
Mayo puede ser, entonces, un tiempo para aprender de Ella. Para recuperar gestos sencillos: una oración más pausada, un momento de silencio, una visita a una imagen de la Virgen, el rezo del rosario en familia o en comunidad. No se trata de añadir más cosas a la agenda, sino de vivir con más sentido lo que ya somos.
También es un mes para mirar a María como Madre. En ella encontramos consuelo en las dificultades, fortaleza en la incertidumbre y ternura en los momentos de fragilidad.
Que este mes de mayo no pase como uno más. Que sepamos detenernos, contemplar y dejarnos enseñar por María.
Quia quem meruisti portare, alleluia. Porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya.
Resurrexit, sicut dixit, alleluia. Ha resucitado según su palabra, aleluya.
Ora pro nobis Deum, alleluia. Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
