Jornada mundial de los pobres (16 de noviembre)
El Papa León XIV parte del Salmo «Tú, Señor, eres mi esperanza» (Sal 71,5) para recordar que la verdadera esperanza nace de confiar en Dios, no en las riquezas ni en las seguridades humanas. Los pobres son testigos de esa esperanza, porque se apoyan en Dios en medio de sus dificultades. La pobreza más grave es vivir como si no necesitáramos a Dios.
La fe, la esperanza y la caridad van unidas: la esperanza cristiana nos impulsa a amar y a comprometernos con el bien común. No basta con ayudar a los pobres puntualmente; hay que trabajar por la justicia y eliminar las causas de la pobreza.
En el Jubileo, el Papa invita a ver a los pobres como protagonistas y a crear signos concretos de esperanza mediante obras de apoyo y solidaridad. Con María, confiamos: «En ti, Señor, confié, no quedaré defraudado».
