Escapulario de la Virgen del Carmen


El escapulario de la Virgen del Carmen tiene su origen en la Orden del Carmen (los Carmelitas). Según la tradición carmelitana, la Virgen María se apareció a San Simón Stock, superior general de la orden, el 16 de julio de 1251 en Cambridge (Inglaterra) y le entregó el escapulario prometiéndole: «Quien muera con este escapulario no padecerá el fuego eterno», lo que se conoce como la Gran Promesa del Escapulario.

Desde la Edad Media se difundió otra tradición, según la cual la Virgen, por medio de una bula atribuida al Papa Juan XXII (siglo XIV), prometió liberar del purgatorio, el sábado siguiente a su muerte, a quienes llevaran el escapulario con devoción, vivieran en gracia (vida de oración, castidad según su estado de vida) y rezaran el Oficio Parvo* o, en su lugar, el Santo Rosario.

Originalmente, el escapulario formaba parte del hábito monástico: una pieza de tela que caía por delante y por detrás. Con el tiempo, se popularizó entre los fieles laicos como un pequeño escapulario de dos piezas de tela unidas por cordones, que se lleva sobre el pecho y la espalda. Es como un «hábito en miniatura» que expresa el deseo de vivir siguiendo el ejemplo de María: en oración, humildad, pureza y servicio.


Oh Virgen Santísima del Carmen,
Madre de Dios y Madre nuestra,
acoge bajo tu amparo a todos los que llevamos tu santo escapulario.
Alcánzanos la gracia de vivir y morir como verdaderos hijos tuyos,
fieles a tu Hijo Jesús y a su Iglesia.
Sé nuestro consuelo en la vida,
nuestra esperanza en la muerte
y nuestra Reina en la gloria del Cielo.
Amén

    



*El Oficio Parvo —también llamado Oficio Parvo de la Virgen María— es una forma abreviada del Oficio Divino (la Liturgia de las Horas) dedicada a la Virgen María.