Domingo 3 de noviembre de 2024

 


Respuesta al Salmo

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.


Lectura del santo evangelio según san Marcos:

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Comentario al Evangelio

Hoy, el Evangelio nos presenta una pregunta fundamental que un escriba hace a Jesús: “¿Cuál es el mandamiento más importante?”. Esta es una pregunta profunda que busca la esencia de nuestra relación con Dios y con los demás. Jesús responde con dos mandamientos que en realidad son uno: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Al poner el amor como el centro de la ley, Jesús nos revela el corazón de Dios y nos invita a seguirlo en una relación viva y profunda. Este amor que nos pide es total; abarca todo nuestro ser, nuestra mente, nuestras emociones, nuestras fuerzas y nuestros pensamientos. No es un amor parcial o condicional, sino un amor que brota de nuestra experiencia de ser amados por Dios.

En segundo lugar, Jesús vincula inseparablemente este amor a Dios con el amor al prójimo. Nos muestra que amar a Dios sin amar a quienes nos rodean es incompleto. Como hijos de un mismo Padre, todos estamos conectados, y nuestra relación con Dios se refleja en cómo tratamos y servimos a los demás.

El escriba, al reconocer la sabiduría en estas palabras, dice algo muy revelador: que este amor "vale más que todos los sacrificios y holocaustos". Esto nos recuerda que, aunque las prácticas y rituales son importantes, lo que Dios desea verdaderamente es un corazón que ama y se entrega. Así como el escriba, cada uno de nosotros es invitado a vivir este amor sincero, a que nuestras acciones y palabras reflejen el amor de Dios en nuestras vidas.